Mi vida comenzó marcada por el abandono y el dolor. Desde muy pequeña atravesé situaciones difíciles que me llevaron a sentirme sola y sin un lugar en el mundo. Crecí bajo el cuidado de mi abuelo paterno, quien tenía problemas con el alcohol, y muchas veces quedaba desprotegida, incluso pasando noches en la calle.

A los siete años mi destino cambió: mi madre formó una nueva familia y me llevó a vivir con ella. Allí descubrí, por primera vez, lo que era tener un hogar y sentirme amada. Con el tiempo entendí que mi historia estaba atravesada por la presencia —y ausencia— de figuras clave: mi madre biológica, mi padre biológico y mi padre adoptivo, quien me enseñó que la familia también puede elegirse.

Todas esas experiencias me llevaron a un profundo camino de sanación. Comprendí que mis heridas no eran solo mías, sino parte de los patrones heredados de mis ancestros. Al sanar, encontré mi propósito: acompañar a otras personas a liberar el dolor, transformar su historia y reconectar con su linaje.

Hoy lo hago a través de diferentes herramientas terapéuticas como las constelaciones familiares, la biodecodificación, las terapias de vidas pasadas, los registros akáshicos y el chamanismo de sanación. Mi mensaje es simple, pero poderoso:

“Sanar nuestra historia no borra lo vivido, pero nos permite escribir un nuevo capítulo desde el amor.”